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Las geoetiquetas y las redes sociales

En la última semana se ha comenzado a hablar de las implicaciones para la privacidad y seguridad personal de compartir nuestra ubicación involuntariamente mediante las geoetiquetas (geotags) que indican la ubicación exacta en la que se tomó una fotografía. Una información geográfica en el estándar de los metadatos EXIF (Exchangeable image file format). Entre ellos podemos encontrar el modelo de cámara con el que se hizo la fotografía, el tiempo de exposición, distancia focal y muchas más cosas dependiendo de la cámara, de los programas con los que se haya tratado la foto y otras variables.

 

El EXIF de una imagen soporta geolocalización, esto es, dentro de estos metadatos puede almacernarse información sobre el lugar geográfico en el que se hizo la fotografía en términos de latitud y altitud. Por lo tanto, si hacemos una imagen con una cámara que incorpore este tipo de información y la subimos a internet, existe la posibilidad de que cualquier usuario que se descargue la imagen vea el lugar exacto donde tomamos la foto.

 

Las geoetiquetas son metadatos adjuntos a las fotografías que tomamos con cámaras o teléfonos inteligentes con sistemas GPS. El hecho de que no sean visibles cuando se realiza la fotografía sino que tenga que ser extraído por un sistema informático, por ejemplo el editor fotográfico que utilicemos o nuestro servicio de publicación de imágenes online, hace que muchos usuarios no sean conscientes de su existencia ni de la información que ofrecen a quien sepa leerla.

 

El periódico norteamericano The New York Times publicó el pasado día doce de agosto un artículo detallando cómo Adam Savage, uno de los presentadores del conocido programa de televisión “Cazadores de mitos”, publicó una foto de su nuevo coche antes de salir a trabajar. Se había olvidado de desactivar la función de su iPhone antes de sacar la foto y subirla a Twitter. Así, reveló con precisión el lugar donde vivía. Como el texto que acompañaba la foto era “Ahora me voy a trabajar“, posibles ladrones supieron que no iba a estar en su casa, ofreciendo, sin ser consciente de ello, la ubicación exacta de su domicilio y la información necesaria par saber que éste quedaría vacío durante horas. Potencialmente, esta información podría usarse para controlar las rutinas de los usuarios sabiendo en qué lugares pasa su tiempo o su ubicación presente.

 

Los datos de localización no son visibles para el observador casual, lo que resulta preocupante es que mucha gente pueda no darse cuenta de que esa información está ahí, por lo que podría poner en peligro su privacidad o su seguridad, cuando subes esas fotos geoetiquetados en línea.

 

No es necesario crear más alarma de la necesaria, porque es posible controlar la información que diseminamos, el artículo del NYT resulta interesante porque aporta un par de datos concretos sobre cómo podría utilizarse esta tecnología y el tipo de datos que se pueden extraer de ella.

 

Como muestra de la información compartida sin darnos cuenta tenemos la página web ICanStalkU.com proporciona instrucciones paso a paso para desactivar la función de geoetiquetado de fotos en aparatos iPhone, BlackBerry, Android y Palm.  En dicho sitio podemos ver una muestra de lo que transmitimos cuando publicamos, por ejemplo en Twitter, una fotografía con geoetiquetas. Esta página nació como recordatorio de las imprudencias cometidas habitualmente y sin consciencia de ello por quienes usan Twitter para compartir imágenes. En una larga lista actualizada en tiempo real, la web nos muestra la información contenida en las geoetiquetas que acompañan a nuestras fotos. Aunque esta página se centra en Twitter, la posibilidad de compartir imágenes en otras redes sociales hace que el riesgo esté presente también en otras redes sociales (Facebook, Flickr o Picasa).

 

Todos los dispositivos de captura de imagen que usan esta tecnología de ubicación tienen mecanismos para cancelar su aparición, de modo que las fotos que hagamos no contengan esa información adicional, así que es recomendable familiarizarse con las formas de controlar lo que compartimos con nuestras imágenes.

 

De hecho, desactivar la función de geoetiquetado por lo general comprende pasar por varias capas de menús hasta que se encuentra la función “ubicación” (location), luego de lo cual se selecciona “desactivar” (off) o “no permitir” (don’t allow). Pero hacer eso a veces puede desactivar todas las funciones de GPS, incluido el mapeo, de modo que puede ser complicado.

 

En muchas de las fotos se ven chicos jugando frente a sus casas, otras revelan vehículos caros, computadoras y televisores de pantalla plana. También hay fotos de gente en casas de amigos o en el local de Starbucks que visitan cada mañana.

 

Si se bajas complementos gratuitos como el Exif Viewer para Firefox  o el Opanda IExif para Internet Explorer, cualquiera puede detectar la ubicación del lugar donde se sacó la foto y crear un Google map. También  con un simple programa como PhotoME podemos mostrar y editar los metadatos de las imagenes.

 

Al observar las geoetiquetas y el texto de los posteos, se puede determinar con facilidad dónde vive la gente, qué tipo de cosas tiene en la casa y también cuándo no va a estar. Debemos tomar conciencia y conocer nuestros dispositivos para que puedas desactivar esas opciones si es que quieres hacerlo.

 

Opino que el problema va mucho más allá de la actividad en redes sociales y de las fotos que se comparten en sitios web, independientemente de si éstos ofrecen protección de la privacidad del usuario. 

Proteger la privacidad no es sólo una cuestión de estar informado y ser responsable en el plano personal, un amigo puede sacar una foto geoetiquetada de nuestra casa y subirla.

 

 

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