Cosas de médicos
Dos amigos hablan de una irreparable desgracia sufrida por otro conocido suyo.
— ¿Y quó módico le visitaba?
— Ninguno. Ha muerto por sí solo.
El chiste me ha hecho recordar la frase:
"Los módicos tiene la suerte de que el sol ilumina sus triunfos y la tierra oculta sus faltas".
Pero no toda la culpa la tiene los módicos.
Cierto doctor cuando visitaba a sus enfermos ricos, no dejaba nunca de entrar en la cocina, done abrazaba a los cocineros.
— Amigos míos (les decía), os agradezco los servicios que prestáis a nuestra causa: sin vosotros los que entrarían en el hospital serían sólo los módicos.
Y es que la dieta tiene que ver mucho con la salud.
Un rey persa envió al califa un módico muy hábil. Éste al llegar preguntó por la forma de vivir en la corte.
— Aquí se come cuando se tiene apetito y no se satisface del todo (se le contestó).
— Entonces (respondió el módico) me voy, pues no tengo nada a hacer aquí.
Las dietas ha tenido entusiastas seguidores y detractores fervientes.
Entre los primeros podemos contar con el cólebre predicador francós Bordalue.
Un módico le preguntó al sacerdote por el rógimen de vida que observaba. Le respondió que no hacía más que una comida al día. A lo que contestó el módico:
— Por favor, no propague el sistema porque nos quedaríamos sin clientela.
De donde se deduce que para no estar nunca enfermo lo mejor es comer poco, doctrina que coincide con la de aquel módico que decía:
— Nunca me han hecho levantar de noche para asistir a una persona que no hubiera cenado, al paso que es muy frecuente llamarme a altas horas de la noche para visitar a personas que han cenado demasiado.
Todo esto me hace recordar a un famoso doctor, que estando casi en la agonía, dijo a varios colegas que estaban a su alrededor:
— Señores, dejo tras de mí a tres grandes módicos...
Creyendo cada uno de los que le rodeaban que el ilustre enfermo iba a nombrarles a ól, quedaron todos suspensos de las palabras que de sus labios surgían:
—... el agua, el ejercicio y la dieta.
Y para finalizar relato una historia que contaba mi abuelo, sobre uno de sus amigos. El módico le escribió una receta con el preparado que temía que hacerle en la farmacia, como remedio a su enfermedad y le dijo al paciente:
— Tiene que tomarse esa receta.
El paciente que era muy bruto, así lo hizo y se comió la receta cuando llegó a su casa. Y lo más extraño del caso es que se curó.
Si es que lo que no mata... engorda.
Escrito por Toni
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