Estamos pagando el canon y, con él, el derecho a compartir

Por Toni | Comentarios ( 0 ) | Trackbacks ( 0 )

Según he pododo leer en Público, la idea de Francia de multar a quien descargue tiene truco: los ciudadanos siguen pagando el canon para compensar por una copia de obras que, ahora, no podrán hacer.

El intercambio P2P se está convirtiendo en una actividad cada vez más peligrosa. se está produciendo una especie de ofensiva global contra las descargas, y los países más poderosos del mundo están implementando medidas legales o técnicas contra los internautas que comparten archivos.

Pero no tienen en cuenta que para compartir obras por Internet es necesario pagar un ordenador, una conexión, una grabadora y CD que están todos gravados por un canon. En el caso de España, ese "consumo gratuito" ha reportado a la SGAE 20,9 millones de euros en 2006.

Es hora de que las gestoras de derechos dejen de engañar a la opinión pública: si quieren compensar a los autores por el dinero que dejan de ingresar cuando copiamos sus obras, deben dejarnos compartirlas. En EEUU, la descarga es ilegal porque no existe canon. En Europa pagamos una tasa, pero tenemos la libertad para copiar. Sarkozy ha decidido que quiere los dos sistemas e ignoro la razón por la que los franceses no se han echado a la calle a quemar discos de Carla Bruni, ya que van a pagar una compensación a alguien que no necesita ser compensado.

Este asunto es algo así como si una tienda cobrara a sus clientes por si les entran ganas de robar un visón. Lo que Francia quiere no es sólo cobrar a los presuntos ladrones sino también quieren retirar los visones.

El canon es injusto e indiscriminado. El Gobierno ha sufrido un gran desgaste aprobándolo. Pero si ahora quiere ir a por las redes de intercambio debe saber que se arriesga a una revolución callejera. Estamos pagando el canon y, con él, el derecho a compartir. Hará falta mucho más que una ley auspiciada por el dueño de una tienda con intereses de que no quiebre para convencernos de que apaguemos el eMule o programas similares.

Hoy por hoy, compartir en España no es delito, pues las escasas denuncias que ha habido no han llegado a sustanciarse en un juicio; no han sido admitidas a trámite. La razón principal es que en estos casos no había ánimo de lucro. Aquí las demandas no han ido contra usuarios sino contra responsables de páginas que ofrecían enlaces. Los movimientos de la industria y las entidades de gestión son tres: presionar a los proveedores de acceso para que controlen el tráfico en sus redes, ir por la vía civil contra programadores que han creado algún programa y, por último, arrancar este otoño del Gobierno la inclusión de un sistema similar al francés en la nueva ley de Propiedad Intelectual.

Pero hay motivos para preocuparse porque se está produciendo una perversión del derecho. Desde la Revolución Francesa, las leyes se hacían pensando en el interés general, recogiendo lo que piensa la sociedad. Ahora estamos viendo como se legisla en función de los intereses de una minoría elitista.


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